feminismo

FLORA TRISTÁN ♀ Ellas en nuestra historia

Quizá para muchas personas la frase “¡Proletarios del mundo, uníos!”, traiga a su mente de forma inmediata las figuras de Carlos Marx y Federico Engels, inclusive, si la buscamos en internet de forma inmediata aparecen los famosos autores del Manifiesto Comunista.

Sin embargo, esta frase no es autoría de ninguno de los fundadores del Socialismo Científico, sino de la genial mente de una mujer que supo sintetizar en palabras el sentimiento de una clase contra la explotación y el repudio del género femenino en contra de las condiciones de opresión social, su nombre, Flora Tristan.

Nació en París el 7 de abril en 1803, durante la época napoleónica, Flora Célestine Thérèse Henriette Tristán y Moscoso Lesnais fue hija de la francesa Anne Laisney y del coronel peruano Marino Tristán y Moscoso.

Cuando ella tenía apenas cuatro años, la muerte de su padre ocasionó que su familia enfrentara una situación de pobreza, lo que generó que Flora con apenas 17 años, se incorporara como obrera en un taller de litografía, en donde conocería a André Chazal, quien era propietario de dicho taller y con quien ella se casaría.

La joven Flora tuvo tres hijos, producto de su matrimonio con André Chazal, sin embargo, este enlace pronto se disolvió a causa de los maltratos por parte de este.

Tras el divorcio, Flora inicia la lucha legal por la custodia de sus tres hijos, la cual se prolongaría por 12 años, en los que vivo el acoso constante de Chazal, el cual llego hasta el punto de dispárale y dejarla mal herida. Este acto ocasiono que finalmente Flora pudiera liberarse de él.

Sin embargo, todas estas dificultades calarían hondo en Flora y le generarían un pensamiento revolucionario que la impulsa y la convirtió en precursora del movimiento feminista y obrero.

 Ya sin la cadena que representaba su matrimonio, Flora viaja por varios países, en los que realizó diversos tipos de trabajos, periodo en el que también tomó conciencia de su condición de “paria”.

Para 1833, Flora Tristán decide viajar a Perú, con la finalidad de reclamar la herencia que le corresponde de su padre, pero sus familiares únicamente le dan una pensión mensual, por ser hija nacida fuera del matrimonio.

Posteriormente, Flora se traslada a Londres, en donde decide dedicar sus esfuerzos sobre todo a la clase obrera, esto inclusive antes que los propios Marx y Engels. También realizaría viajes por toda Francia dando apoyo a los trabajadores de su país.

En1835 publicó en París su primer trabajo literario, el folleto “Necesidad de dar buena acogida a las mujeres extranjeras”, este texto fue producto de sus vivencias en su viaje a Peru.

En el año 1837 sale su segundo trabajo a favor del divorcio “Petición para el restablecimiento del divorcio”.

Mientras que 1838 publica “Peregrinaciones de una Paria”, en el mismo año sale a la luz su novela autobiográfica “Memphis” o “El Proletario”.

Un año después, en 1839 publicó una selección y traducción al francés de cartas del Libertador Simón Bolívar.

Y para 1840 de su experiencia en Inglaterra edita “Paseos en Londres”, una importante obra en contra el capitalismo y la burguesía, a la que la autora ya responsabiliza de la opresión de la mujer, así como de las condiciones de miseria y explotación los niños y los obreros en las fábricas.

Es en 1843 cuando realiza su obra más importante “La Unión Obrera”, esto cinco años antes de la publicación del “Manifiesto comunista” de Marx y Engels.

Con sólo 41 años, Flora Tristan fallece en Burdeos en 1844 a cusa del tifus. En 1846, a los dos años de su muerte, se publica su obra inacabada “La emancipación de la mujer”.

Sin lugar a dudas, Flora Tristan fue una persona adelantada a su época, que nos dejó en su obra el testimonio de su reclamó en favor de las mujeres, por el reconocimiento de sus derechos a fin de lograr su liberación, así como sus críticas en contra de la explotación de la clase obrera.

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#NOSOTRASPARAMOS

COMUNICADO EMITIDO EL DÍA DE HOY POR LA COORDINADORA DE FEMINISTAS DE MICHOACÁN EN EL MARCO DE LA CONMEMORACIÓN DEL 8 DE MARZO, DÍA INTERNACIONAL DE LAS MUJERES TRABAJADORAS

hace poco más de un siglo, Clara Zetkin comunista alemana, propuso durante un Congreso Internacional de Mujeres Socialistas que se estableciera el Día Internacional de la Mujer con el objetivo de homenajear a aquellas que llevaron adelante las primeras acciones organizadas de mujeres trabajadoras contra la explotación capitalista.

Desde hace más de un siglo, nuestras demandas por igualdad, justicia, derechos civiles y democráticos, de salud, de educación, de garantía de nuestras vidas siguen en la agenda de todas y cada una de las luchas que emprende el pueblo, y de todas las mujeres que sufrimos escenarios similares de opresión durante toda nuestra vida.

Salimos hoy a las calles a decir que estamos hartas. Hartas de la misoginia y el desprecio en nuestros centros de trabajo, de percibir un 22.9% menos que los hombres por las mismas horas y el mismo trabajo realizado, si somos madres, de no tener garantías que nos permitan compaginar nuestra vida doméstica con la profesional, realizar una doble jornada laboral y estar limitadas por un techo de cristal que nos aplasta. Hartas de vivir con miedo, en un país en donde asesinan a 7 mujeres diariamente, de no saber si al salir de casa regresaremos con vida, de no poder caminar tranquilas por nuestras ciudades. Hartas de no poder elegir sobre nuestro propio cuerpo por lo pesadas que son las cadenas con las que nos oprime la religión y moral, de la complicidad entre las instituciones patriarcales que deciden premeditadamente nuestro género y la forma en la que debemos de vivir nuestras vidas. Hartas de no poder acceder a una educación pública, laica, gratuita y de calidad, de ser nosotras las primeras en abandonar las aulas, de no ser tomadas en serio en los campos de la ciencia. Hartas de morir de padecimientos curables por no tener acceso a la salud, hartas de la violencia obstétrica, y de que procesos biológicos y sentires totalmente genuinos de las mujeres sean tratados como enfermedades. Hartas de no poder envejecer, de los cánones de belleza occidentales, de la gordofóbia, de limitar nuestro cuerpo y nuestra mente a ideales creados con la finalidad de dar placer a los otros. Hartas del papel con el que nos retratan en la prensa, en la que si no somos putas somos malas mujeres, por no ser ni estar donde el patriarcado nos quiere.

Hartas de que nuestro hartazgo y nuestras luchas sean menospreciados por ser problemas secundarios.

Bajo este escenario convulso se gestan nuestras actividades y  que comenzaron a partir de octubre del año pasado, cuando las mujeres polacas realizaron una huelga por la no penalización del aborto y los derechos sexuales y reproductivos, tomando el ejemplo a su vez de mujeres islandesas que convocaron a un paro nacional en 1975. Buscando solidaridad mundial, las actividades de nuestras compañeras europeas resonaron también en nuestro continente y el pasado 25 de noviembre, Día internacional contra la Violencia de Género,  con las compañeras Argentinas encabezando con marchas multitudinarias y alzando fuerte la consigna de ¡NI UNA MENOS!, de acordamos al unísono que el 8 de Marzo de este año sería elegido como el día en el que globalmente pararíamos bajo un lema común “La solidaridad es nuestra arma”.

Hoy como coordinación de feministas de Michoacán, reafirmamos este lazo de solidaridad y desde aquí hacemos el llamado a todas las mujeres a dejar salir ese hartazgo y esa rabia y convertirla en organización. Aunque los medios de comunicación y las instituciones del Estado se hayan encargado de despolitizar éste día, haciéndonos creer que debemos de celebrar con flores y regalos, no debemos de olvidar que nuestro verdadero objetivo es luchar por un mejor mundo para todas.

Es por esto que nos sumamos al llamado mundial de parar, porque el mundo debe de reconocer la importancia de la mitad de la humanidad. Junto con nuestras hermanas de Alemania, Argentina, Australia, Bélgica, Bosnia y Herzegovina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Corea del Sur, Costa Rica, Camboya, Ecuador, El Salvador, Escocia, España, Estados Unidos, Inglaterra, Finlandia, Francia, Fiji, Guatemala, Honduras, Hungría, Islandia, Irlanda del Norte y República de Irlanda, Israel, Italia, Nicaragua, Noruega, Pakistan, Panamá, Paraguay, Perú, Polonia, Portugal, Puerto Rico, República Checa, República Dominicana, Rusia, Suecia, Senegal, Togo, Turquía, Tailandia, Ucrania, Uruguay, Venezuela y muchos países más nosotras ¡HOY PARAMOS!

COORDINACIÓN DE MUJERES DE MICHOACÁN

Lo que oculta el 10 de mayo

(compartimos este imperdible artículo sobre el 10 de Mayo)

de Martha Lamas
en Proceso: http://www.proceso.com.mx/82757/82757-lo-que-oculta-el-10-de-mayo


Ahora que cientos de oficinas públicas y privadas festejan el Día de la Madre, vale la pena recordar cómo surgió la celebración del 10 de mayo, y así tener una pista sobre qué significa hoy su desmedido festejo. En 1982 la SEP publicó, en su colección Memoria y Olvido, la investigación de Marta Acevedo que muestra que en nuestro país la instauración del Día de la Madre estuvo vinculada a una intervención conservadora.

El proceso social yucateco, generado por la Revolución Mexicana, alienta un movimiento feminista que realiza su primer congreso en Yucatán en 1916. Entre otras cosas, se discute la maternidad, planteándose la necesidad de libre elección y aconsejando a las mujeres cómo evitar embarazos no deseados mediante el método anticonceptivo de Margaret Sanger. A principios de 1922, cuando comienza a gobernar Felipe Carrillo Puerto, se realizan varios actos públicos de la Liga Central de Resistencia del Partido Socialista del Sureste. Grupos de feministas hablan por todo el estado sobre la emancipación de la mujer y sus derechos. Las conferencias son traducidas al maya y se establecen comités feministas en varios lugares. No tardan las críticas al pueblo yucateco, en especial a sus mujeres: Entre marzo y abril de 1922 varios periódicos locales emprenden una campaña contra las feministas y sus propuestas “inmorales” para regular la procreación.

En este contexto, Excélsior retoma la celebración estadunidense del Día de la Madre y convoca a un festejo similar, con el apoyo decidido de Vasconcelos –entonces secretario de Educación Pública–, el arzobispo primado de México, la Cruz Roja y las Cámaras de Comercio. Las propuestas feministas de que la maternidad sea elegida quedan enterradas bajo la avalancha propagandística. De 1922 a 1968, todos los 10 de mayo Excélsior organiza festivales donde premia a las madres más prolíficas, a las más heroicas, a las más sacrificadas. También surge de Excélsior la iniciativa, en 1927, de construir un Monumento a la Madre, que el presidente Miguel Alemán inaugura en 1949 y que hoy es sitio de arranque de las manifestaciones feministas.
¿Qué encubre hoy el torrente discursivo y comercial del 10 de mayo? Por lo pronto, promueve la idea tradicional de la maternidad como un amor incondicional, que implica gran abnegación. Este mito recoge cuestiones reales –las madres sí suelen ser amorosas, generosas y abnegadas–, pero también encubre aspectos negativos o contradictorios del ejercicio maternal.

Atrás de la imagen de la “madrecita santa” encontramos a madres agotadas, hartas, golpeadoras, ambivalentes, culposas, inseguras y deprimidas. El mito encubre los descuidos, aberraciones y crueldades que muchas madres –sin duda víctimas a su vez– ejercen contra sus hijos. Pero, sobre todo, la hipervaloración social de las mujeres como madres y el nivel de gratificación narcisista que alienta dificultan que ellas mismas vean ese “trabajo de amor” como una labor que requiere ser compartida y contar con apoyos sociales.

La capacidad femenina de gestar y parir es considerada socialmente como la “esencia” de las mujeres. Por lo tanto, las labores de cuidado de los seres humanos se ven como una cuestión que les corresponde “naturalmente” a ellas. La maternidad es un trabajo entretejido con la afectividad que recibe la mujer a cambio de dosis más o menos elevadas de gratificación psíquica y de poder en el campo interpersonal de la familia y la pareja. Sin embargo, su desempeño es desgastante y puede llegar a ser enajenante. La familia es el lugar del trabajo no reconocido de las mujeres, en su mayoría madres.

La responsabilidad de las mujeres por este espacio privado limita su participación pública, sea laboral o política. Aunque se declara que la familia tiene superioridad moral sobre cualquier otro ámbito público, es evidente que no se prioriza políticamente a las familias con medidas que verdaderamente concilien el ámbito laboral con el doméstico: los horarios escolares no son compatibles con los laborales, escasean las guarderías, no hay servicios de cuidado para ancianos, ni lavanderías y comedores colectivos.

Cuando se habla de la maternidad sólo en términos de “destino sublime” se olvidan las horas/trabajo que implica; cuando se elogia la abnegación, se dejan de lado las privaciones que suelen acompañar el trabajo de crianza. Por otra parte, las embarazadas no consiguen empleo, las parturientas son maltratadas en los hospitales y las madres no cuentan con opciones de cuidado para sus hijos y familiares dependientes (discapacitados, enfermos o ancianos), lo que las limita laboral y cívicamente, además de cargarlas con el desgaste físico y emocional que supone atender solas a esos dependientes. Este trabajo de cuidado de los demás subordina socialmente a las mujeres y tiene consecuencias restrictivas en el ejercicio de su ciudadanía y su participación política.

El despliegue retórico del 10 de mayo echa una cortina de humo sobre la poca importancia real que se otorga a este laborioso, complejo y determinante trabajo. Y mientras la mayoría de las mujeres se conforma con la rosa roja o el regalito, las feministas seguimos insistiendo en leyes y medidas que descarguen a las mujeres de la atención de sus dependientes.

#VivasNosQueremos concentración nacional en #morelia

#‎24A‬ ‪#‎VivasNosQueremos‬ ‪#‎Morelia‬

Atendiendo el llamado de la convocatoria nacional, en Morelia nos sumamos con el mitin político y de difusión de información en la plaza Benito Juárez del centro de la ciudad a las 5:00pm de la tarde

¡NO FALTES! te necesitamos para todas defender nuestro derecho a vivir sin miedo. ‪#‎ContraLasViolenciasMachista‬s

24 abril 2016 feminicidio

 

La importancia del 8 de Marzo para todas las trabajadoras

Hace poco más de un siglo, Clara Zetkin comunista alemana, propuso durante un Congreso Internacional de Mujeres Socialistas que se estableciera el Día Internacional de la Mujer con el objetivo de homenajear a aquellas que llevaron adelante las primeras acciones organizadas de mujeres trabajadoras contra la explotación capitalista.

Existen diferentes versiones respecto al desarrollo de este hecho histórico pero haciendo referencia del libro Pan y Rosas de Andrea D’Atri, el 8 de marzo de 1857 las obreras de una fábrica textil de Nueva York se declararon en huelga contra las extenuantes jornadas de doce horas y salarios miserables, fueron reprimidas por la policía. Medio siglo más tarde en marzo de 1909, 140 jóvenes murieron calcinadas en el incendio de la fábrica donde laboraban tras ser encerradas por sus patrones. Poco después ese mismo año hubo otra huelga de 30,000 obreras que al igual que la primera, fue reprimida pero en esta ocasión las obreras ganaron la simpatía de estudiantes, sufragistas, organizaciones populares y socialistas, entre otros sectores de la sociedad. Pero no es si no hasta 1910 durante el Congreso internacional de Mujeres Socialistas, que se propone el día y siete años después en 1917, en Petrogrado, Rusia, se instaura el día en la manifestación protagonizada por las obreras textiles bajo la consigna “Pan, paz y libertad”, la importancia de este último acontecimiento es enorme considerando que fue uno de los detonantes para el inicio de la revolución obrera en octubre de ese mismo año.

Así, el 8 de Marzo surge como la conjunción de la pertenencia de clase y de género, de la unión tanto de demandas laborales, como de aquellas que exigían el mejoramiento de las condiciones de vida de las mujeres de la clase obrera, que ante la desesperación y precariedad en la que vivían decidieron organizarse y luchar.

Hoy en día los medios de comunicación y las instituciones del Estado se han encargado de despolitizar éste día, haciéndonos creer que lo que se debe de hacer es celebrar con flores, regalos y frases bonitas que nos hablan de lo maravillosa que es la mujer, pero que a su vez debemos de olvidarnos de nuestros verdaderos objetivos como mujeres que luchamos por la igualdad económica y social. Los medios publicitarios nos hipnotizan con “la belleza” de lo superfluo enajenándonos para hacernos obviar nuestro verdadero encuentro con el día a día, un encuentro que nos obliga a las mujeres a ser víctimas de múltiples formas de violencia, a ser explotadas y oprimidas, condenándonos a nunca ser libres.

Exigir igualdad entre hombres y mujeres es una consigna básica que aún en pleno siglo XXI no podemos dar por conquistada. Según el INEGI (2012) el 98% de las mujeres mayores a catorce años realizan algún trabajo, ya sea en el hogar, en el sector formal o ambas, mientras que en los hombres la estadística es del 94.2%. El promedio de horas dedicadas al trabajo formal de las mujeres supera al de los hombres por entre 10 y 12 horas a la semana, lo cual supone una fuerte diferencia. También en lo referente a las horas de trabajo sin remuneración económica (quehaceres domésticos o/y búsqueda de trabajo) hay un abismo entre hombres y mujeres puesto que el promedio de los hombres es de 8 a 15 horas semanales, mientras que el de las mujeres oscila entre las 28 y 44 horas semanales. Otro dato aportado por el Índice de Discriminación Salarial (2012) señala que las mujeres ganan un 5% menos que los hombres en promedio de todos los trabajos, a pesar de que el ingreso femenino sustenta aproximadamente al 40% de los hogares mexicanos. Estas cifras son solo algunas de las tantas que develan la falta de equidad bajo la cual la mujer “ejerce su derecho a trabajar” actualmente en México.

El Día Internacional de la Mujer trabajadora es un día para conmemorar, pero teniendo siempre en cuenta que es necesaria la organización y la esperanza de la eliminación de los males específicos que nos aquejan como mujeres, no sin olvidar que mujeres y hombres debemos luchar por un futuro en donde las condiciones actuales de explotación sean abolidas.

No nos dejemos llevar por propaganda vacía y carente de reflexión. Rescatemos la memoria de todas aquellas mujeres que dieron su vida para que nosotras tuviésemos un futuro digno y reconozcamos la importancia de la mujer en la historia. Que este día sirva no solo para alegrarse de ser mujeres, sino para recordar que la clase trabajadora aún necesita fuerza para impulsar la igualdad y la justicia y terminar con las atrocidades del patriarcado y el capitalismo.

Tal como lo dijera Alejandra Kollontai en su texto de 1913 sobre el día de la mujer: “El Día de la Mujer y el lento, meticuloso trabajo llevado para elevar la auto-conciencia de la mujer trabajadora están sirviendo a la causa, no de la división, sino de la unión de la clase trabajadora. Dejad que un sentimiento alegre de servir a la causa común de la clase trabajadora y de luchar simultáneamente por la emancipación femenina inspire a las trabajadoras a unirse a la celebración del Día de la Mujer.”